Selene se enamoró
del hermoso pastor
Endimión de Latmos,
y este la correspondía.
Pasado el tiempo,
a Endimión le
apesadumbró
verse envejecer,
y pidió a Zeus
conservarse joven.
Para ello
hubo de sumirse en un
sueño inacabable.
Selene, entristecida,
al menos pudo disponer
de él
para besarlo en la
mejilla
cada noche.
Mas ¿con quién soñaría
Endimión?
¿Con Selene que le
prodigaba tan tiernos besos
o con alguna otra diosa,
Diana, por ejemplo?
Dada la contradicción
al anteponer
la juventud eterna, al
amor perecedero,
habiendo de pasarla
dormido,
sin estremecerle el
contacto de los besos
quizás es que Endimión
accedió a echarse a
dormir
para poder soñar con
otras diosas.


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