lunes, 26 de agosto de 2013

Clímene, preñada de Apolo


Clímene.
Del Dios del Sol
fue preñada
a espaldas de Mérope
el aplicado esposo.

Y cuando el hijo, Faetón,
rogó locuaz
para afrontar las dudas mendaces
la confirmación de su origen
al palacio refulgente de portones de plata
y techos marmóreos
lo envió
orgullosa de aquel pasado retozo
apasionado e íntimo.

En el palacio, Apolo,
vestido de púrpura,
sobre su trono de esmeraldas,
no negó su condición
y a tan filial entusiasmo
concedió el deseo
de conducir su espléndido carro
por los cielos.

Mas no sirvieron los consejos
al inexperto auriga
y la derrota
siguiendo los surcos cotidianos
la malogró su impericia
descabritándose los equinos
piafando con relinchos de fuego.

La trayectoria azarosa
abrasó los campos, inflamó las nubes,
desecó los ríos y, a sí mismo,
en una humareda gris envolvió
saliendo despedido, dibujando espirales,
cual flamígera estrella moribunda.

A recoger los huesos y cenizas
corrió en su busca Clímene,
sepultados y llorados por las
náyades de Hesperia,
así como por las Helíades,
sumando a ellas sus lágrimas de desconsuelo,
y su infinita pena.

Caida de Faeton. Rubens 1636

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