jueves, 8 de agosto de 2013

Dafne huyó




Dafne huyó
a través de los bosques
del amor desatado de Apolo.
El orgullo, a este dios arquero,
le pudo, y por burlarse de Eros,
fue herido
con áurea flecha.

Dafne huyó asustada
de aquel sentimiento inmenso
y loco
sorteando arbustos, espinos,
peñas,
sintiendo a la zaga,
muy cerca,
la mano extendida,
ávida de caricias.

Dafne, ya exhausta, casi
rendida,
arredrada del descontrol
de sí misma,
a trompicones
entre breñas y zarzas
alcanzó el río Peneo
suplicándole al dios-padre
urgente ayuda.

Y cuando ya la zarpa
del amor
por el torso la ciñera,
en todo su ser surtió
la transformación salvadora.

De los pies le nacieron raíces.
De los brazos, ramas. De la cabeza, hojas.
Y rodeóla una áspera corteza.

Apolo abrazó frustrado
el laurel
abruptamente allí nacido
a orillas del río
en medio de un bosque
de infinitos árboles.

Pasado el arrebato y
desespero
instalóse al pie
aguardando
que alguna vez
recobre su aspecto
la dulce náyade.


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