miércoles, 14 de agosto de 2013

No solo la belleza de Atalanta



No solo la belleza de Atalanta
atrajo a Hipómenes
sino aquella reclusión triste
en los bosques
por el oráculo
aterrada.

Pretendientes asomaron
por doquiera
sucumbiendo a su veloz carrera.
De haberla vencido en la apuesta
el tálamo nupcial hubieran logrado;
como no, la muerte el castigo fuera.

Citerea entregó a Hipómenes
tres manzanas de oro
del árbol de las Hespérides
y con tal ayuda divina
lanzándolas una tras otra
distrajo su confiada carrera
venciéndola
ganándola para los restos.

Y como el amor resultó tan pasional
en su discurrir por los montes
en un sagrado templo
que hallaron
desahogaron su incontenible apetencia.

La diosa Cibeles,
dueña del mismo,
por la profanación molesta,
los convirtió en leones,
para que de su carro tirasen
de por vida.

Y ahí van los dos
trabados y juntitos
para siempre dedicándose
un sinfín de caricias
y rugidos.



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