Proserpina.
Relegada su majestad primaveral
al inframundo
porque a Venus se le antojó
que Plutón
emergiendo de las entrañas geológicas
le raptara.
Placía de retozar
bajo el tupido toldo
del bosque al pie del lago Pergo
en Enna
recolectando lirios y violetas
virginal y etérea.
Su séquito de Ninfas
tornó alada cohorte de Sirenas
para darle busca
y aún prosigue
reteniendo a marinos
con su dulce canto interpelante.
La cítara tañó
allá abajo,
y así distrajo a Cerbero
y a otros tantos demonios
para que Orfeo rescatara
a Eurídice.
Cada seis meses
hace merced a Ceres,
la diosa de la
Tierra,
y sube a la superficie
logrando que la vida brote,
los bosques reverdezcan
y las flores brillen.
¡Oh, Proserpina!
Si me raptara como a ella Plutón
entre los fuegos infernales
gozaría yo dichoso de su canto
y del frescor de sus ropajes.
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| Rapto de Proserpina |

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