Coronis de Larissa.
¿Tan grave fue su pecado?
Si no hubiera sido por el cuervo chismoso…
El joven Isquis la sedujo
y ella lo amó dulcemente,
a espaldas de Apolo.
Cuán frenética voló el ave rastrera
a cumplir lo que creía su cometido.
El dios del Sol, de oírla contar,
se enfureció, se inflamó de cólera,
tensó el arco y disparó la flecha
mortífera.
Poco tardó en rectificar, arrepentido.
Corrió a devolverle la vida, entre formidables gemidos.
¿Por qué tan insensato fue,
si más amor traía consigo,
más maduro y exquisito?
Ya era tarde:
entre sus celosos brazos expiró
la más bella joven
de Hemonia.
Y al ave plateada, por su mala lengua,
las alas de negro tiñó, siendo en adelante,
pájaro de mal agüero.

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