miércoles, 21 de agosto de 2013

El lamento de Orfeo




El lamento encantado de Orfeo,
por los campos,
atrayendo montes, ríos y bosques,
irritó a las Ménades,
que no lo ganaban para sus favores,
por la fidelidad consagrada
a Eurídice.

A esta perdió dos veces.
Una:
Por una picadura venenosa,
frustrando, sin consumarse,
el naciente y prístino amor.
 Dos:
cuando del submundo la quiso arrancar,
sucumbiendo en último término,
al gozo de su mirada,
prohibición impuesta por Perséfone,
para regresar a la vida.

Fiel a ella
cantó dulcemente, con
rechazo misoginio
de las Ménades
así que estas
acallaron con sordo griterío
su canto persistente,
y se ensañaron con él
hasta bañarlo en sangre.

Del linchamiento
los pedazos dispersaron
yendo la cabeza y la lira
por el río Hebro
a reposar al inmenso
mar.






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