Bella Ío
capricho del dios Zeus
hija de Ínaco.
¿Imaginó que apetecería
a un tal dios?
Asombrada de su don
enceló a Hera
obligando a Zeus
para protegerla
a transformarla
en cierva.
Argos
fiel a Hera
a un árbol la ató
y con sus cien ojos
la vigiló
día y noche
sin descanso.
Solo Hermes
se atrevió
comisionado de Zeus
a librarla de aquel monstruo
y con astucia le entornó
uno a uno
los cien ojos
para luego
darle muerte
segándole el cuello.
Liberada huyó
por los bosques
espantada de atraerse
tales dioses
y de verse en aquel cuerpo
de cérvido
ágil y cornúpeta.
Al fin,
a orillas del Nilo
lejos de soberbios apetitos
por un hábil sortilegio
su natural esplendor y belleza
recobró.

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