jueves, 29 de agosto de 2013

Procris y Céfalo



Procris.
La sospecha hirvió
en su pecho enamorado
(tan excluyente es el amor
de los esposos).

Salió temblorosa
en pos de Céfalo
cazador
a fin de verificar
el adulterio.

El soplo ruin y deslenguado
de un delator
la puso en tal zozobra
que corrió a espiarlo
entre las zarzas.

Él había venido disfrazado
de mercader
después de ocho años de ausencia
para ponerla a prueba.
Solo al final
cuando la ganancia tornó sabrosa
cedió levemente
despojándose él
la máscara.

Ahora
ella lo espiaba entre las ramas
mientras él disparaba las flechas
atisbando la presa
desplazándose con
paso quedo.

De pronto,
él gritó
¡Brisa! ¡Brisa!
y ella entendió que era
la amante oculta.

Presta a descubrirlos
descorrió unas hojas
para salir del escondite
y tomar buena nota.
Mas al punto
alcanzóle él con sus flechas
creyéndola una
pieza furtiva.

Agonizó entre sus brazos
perdonándole ella
después de todo
su infidelidad
entre vaharadas de suspiros.

Él torció el gesto
al ella expirar
y dándole justo entierro
buscó en seguida
libre
a la amada Brisa.

Y con ella se fundió
en un aire invisible
cuya caricia sitió
constante, fiel,
inviolable.


miércoles, 28 de agosto de 2013

Medea, embrujo de amor



Medea
 empleó diestramente
los hechizos
y declamó ritualmente
los conjuros
para allanar el camino a Jasón
su secreto amado.

En contra de su padre
el rey Eetes
y de toda la Cólquide en suma
las pruebas endiabladas:
hacer frente a la furia de los toros
de soplo flamígero
y a la suicida tropa de soldados–esqueleto
hijos de la tierra
desarregló
para que él venciera.

Y por último,
a la horrible serpiente centinela,
de puntiagudas escamas y triple lengua,
entrecerró los párpados y sumió en sueños
para que el vellocino de oro
del árbol alcanzara.

Exquisito embrujo
de amor
el de esta maga sabia y legendaria
que destina a bien sus facultades
logrando para su recatado sentimiento
el dulce premio.
No como Circe
impúdica y embaucadora
que desquició a Ulises.

Ya en Yolcos
traída por los Argonautas
asumió la ingrata tarea,
sin comprometer a Jasón,
de dar muerte al soberbio Pelias
el usurpador tío
dándole falaces jugos rejuvenecedores
que a la sazón lo desangraron.

No pudo renunciar a sus ardides
mas, asumiendo la carga
de sus tretas viles,
el camino al legítimo rey
despejó
perdiéndose ella.

Medea
la de ojos hipnóticos y tenues cejas
la de pelo abundante y arremolinado
la del carro de alados dragones
la de voz sutil y embaucadora
majestad de las magas
compendio de sortilegios
enciclopedia de pócimas
la bruja de mis sueños
mi preferida.

Episodio Jason y Medea. John Downman 
 


Filemón y Baucis



Fueron hospitalarios con el dios
no negándole atención y acogimiento
aunque a su puerta llamara disfrazado.

Filemón y Baucis
invitaron a Zeus
y le sirvieron un sustento
por lo cual serían salvados
del agua que, rebasando
el río Aqueloo,
inundaría su pueblo.

Y les sería otorgado
el honor
de servir juntos su templo.
Hasta el día de la muerte
que a la par les ocurrió,
para no contrariar su amor
y no sufrir
el uno sin el otro
o el otro sin el uno.

En árboles se convirtieron,
entreverando sus raíces y sus hojas.




martes, 27 de agosto de 2013

Hera enloquece a Ino



Hera roció
su magia nigromante
sobre Ino
para hacerla enloquecer
y que despedazara a sus
hijos.

Todo porque Ino adoptó
a Baco
hijo de Selene y
del desliz con ella de Zeus
su esposo.

 
Nacimiento de Baco.

lunes, 26 de agosto de 2013

Clímene, preñada de Apolo


Clímene.
Del Dios del Sol
fue preñada
a espaldas de Mérope
el aplicado esposo.

Y cuando el hijo, Faetón,
rogó locuaz
para afrontar las dudas mendaces
la confirmación de su origen
al palacio refulgente de portones de plata
y techos marmóreos
lo envió
orgullosa de aquel pasado retozo
apasionado e íntimo.

En el palacio, Apolo,
vestido de púrpura,
sobre su trono de esmeraldas,
no negó su condición
y a tan filial entusiasmo
concedió el deseo
de conducir su espléndido carro
por los cielos.

Mas no sirvieron los consejos
al inexperto auriga
y la derrota
siguiendo los surcos cotidianos
la malogró su impericia
descabritándose los equinos
piafando con relinchos de fuego.

La trayectoria azarosa
abrasó los campos, inflamó las nubes,
desecó los ríos y, a sí mismo,
en una humareda gris envolvió
saliendo despedido, dibujando espirales,
cual flamígera estrella moribunda.

A recoger los huesos y cenizas
corrió en su busca Clímene,
sepultados y llorados por las
náyades de Hesperia,
así como por las Helíades,
sumando a ellas sus lágrimas de desconsuelo,
y su infinita pena.

Caida de Faeton. Rubens 1636

Hipodamante arrojó al agua a Perimele



Hipodamante
arrojó al agua
desde una alta peña
a su hija Perimele.

Viejo innoble,
desabrido cascarrabias.
¿Por qué su intolerancia
en aquél trance?

Los ojos inyectados
la baba triunfante
decayéndose por las mejillas
de aberrante inquina.

Un grito dilacerante
subió por las esquinas
de las rocas.
Tal, su hija al golpear
la espuma,
 y sumergirse.

No hombre la amó
de dotes y abolengo
al que ella correspondiera
y a él le agradase
sino un triste río:
Aqueloo
al cual arrojó
por que se ahogara.

Ay, ruin
si el amor no triunfara
de las detestables aversiones
paternas…
Allá abajo la corriente
la arrastró
entre caricias espumosas
hasta el delta
que besaba el mar.

Y al ritmo natatorio
de una hoja a la deriva
la súplica angustiada
de Aqueloo
atendió Neptuno,
el cual
con el tridente apoteósico
la tocó
volviéndola una preciosa isla
de las Equínades
para siempre
bañada de amor.


Coronis de Larissa, tan grave fue su pecado



Coronis de Larissa.
¿Tan grave fue su pecado?
Si no hubiera sido por el cuervo chismoso…

El joven Isquis la sedujo
y ella lo amó dulcemente,
a espaldas de Apolo.

Cuán frenética voló el ave rastrera
a cumplir lo que creía su cometido.

El dios del Sol, de oírla contar,
se enfureció, se inflamó de cólera,
tensó el arco y disparó la flecha
mortífera.

Poco tardó en rectificar, arrepentido.
Corrió a devolverle la vida, entre formidables gemidos.

¿Por qué tan insensato fue,
si más amor traía consigo,
más maduro y exquisito?

Ya era tarde:
entre sus celosos brazos expiró
la más bella joven
de Hemonia.

Y al ave plateada, por su mala lengua,
las alas de negro tiñó, siendo en adelante,
pájaro de mal agüero.